jueves, 17 de noviembre de 2011

El Anglicanismo,...su Historia

El término anglicano --y su derivado anglicanismo-- proviene del latín medieval Ecclesia Anglicana, que significa iglesia inglesa. Se utiliza para describir a las personas, las instituciones y las iglesias, como asimismo a las tradiciones litúrgicas y conceptos teológicos desarrollados tanto por la Iglesia de Inglaterra, en lo particular, como por las provincias eclesiásticas de la Familia Anglicana de Iglesias. También se utiliza en lo referente a esas iglesias anglicanas de formación reciente (a partir de 1977) que sin comunión sacramental con el Arzobispo de Canterbury se agrupan en la Fraternidad Confesante, o en el Continuum y otras practicamente independientes, dentro y fuera del Reino Unido.
La Iglesia Anglicana nació en el primer siglo de la Era Cristiana (EC), como producto de la gestión misionera de San José de Arimatea, discreto apóstol del Señor Jesucristo, quien costeó los gastos funerarios de su Rabino, crucificado en el Gólgota, en los suburbios de Jerusalén. Alternando sus funciones episcopales con el comercio, José de Arimatea llegó hasta el sur de las islas británicas, estableciendo una congregación en Glastonbury, cuya devoción central era el Santo Grial. En ella se ha mantenido el culto litúrgico desde el año 72 EC, hasta nuestros dias, convirtiendose en la congregación religiosa de culto ininterrumpido más antigua de toda la Cristiandad. Durante la terrible era de las persecuciones, la Iglesia Inglesa aportó con la vida, testimonio y martírio de grandes luminarias del cristianismo, como San Albano, en el 304 EC. Cuando el Emperador Constantino acépta la Fe en Cristo Jesús no solo cesó la intolerancia, sino que esta se convirtió en religión del Estado, en Inglaterra se produce una etapa de consolidación monacal y misionera, dando como fruto hombres de la talla de Beda el Venerable, los monjes de Iona, y San Patricio de Irlanda. En el 314 EC, a instancias de su madre Santa Elena, el Emperador convoca al Sínodo de Arlés (hoy Francia), como preparatorio del I Concilio Ecuménico, a reunirse en el 325 EC en Nicea (hoy Turquia). En el comparecen tres obispos británicos, como símbolo del crecimiento cristiano en esas insulares tierras. En efecto, la sucesión apostólica de los obispos de Londres, que viene de Arimatea es veintidos generaciones mas antigua que la de los arzobispos de Canterbury, unas veces con, y otras sin, contacto con la iglesia continental europea. Facilmente se demuestra la universalidad de la iglesia en Britania, pues el Obispo de Roma aportó para la consolidación anglicana con la presencia en Kent, en 597, del fraile benedictino San Agustín de Montecasino, quien se convierte entonces en el I Obispo de Canterbury. De su parte el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla colabora con el envio del archimandrita griego San Teodoro de Tarso, VII Obispo de Canterbury, quien unificó las tendencias disímiles que subsistían dentro de Inglaterra (normanda, sajona y filoromana) con la adopción de una litúrgia común y el sistema de gobierno, de tipo sinodal, que subsiste hasta estos días. En 1215, con la firma de la Magna Charta, se declara de jure, la autocefalía, autonomía, libertad e independencia de la Ecclesia Anglicana respecto de cualquier obispo extranjero (lease, el Obispo de Roma), con las firmas del Rey Juan "Sin Tierra", de Guillermo Ste. Mere Eglise, LXIII obispo de Londres, Esteban Langton, XLIV Arzobispo de Canterbury, y Walter de Gray, XXXVIII Arzobispo de York. De modo que cuando en 1536, el Rey Enrique VIII solicita a Clemente VII, Obispo de Roma que declare la nulidad del matrimonio incestuoso con su cuñada Catalina de Aragón (viuda de Arturo, Principe de Gales, y tía del Emperador romano Carlos I de España y V de Alemania, y carcelero del Vaticano), al ser rechazado su pedido por la Rota Romana (sistema judicial de El Vaticano), el monarca decidió emancipar definitivamente a la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana, por autoridad del Parlamento fué proclamado Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra. Muchos de sus opositores fueron juzgados y depuestos de sus cargos y unos cuantos ejecutados como traidores recalcitrantes. El calvinismo de tipo presbiteriano tuvo acogida en la Iglesia Británica durante el relativamente breve reinado de Eduardo VI. De su parte el período de sumisión al romanismo fué protagonizado por la Reina María Tudor, católica empedernida, esposa frustrada de Felipe II, y prima del cardenal jesuita Reginaldo Pole, el último Arzobispo de Canterbury designado papalmente. El período de gloria del anglicanismo, tal y como hoy lo conocemos, fue encabezado por la Reina Isabel I, quien lo consolida definitivamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario